Chinamaxxing

Esta semana, la agenda global gira en torno al encuentro entre Trump y Xi Jinping en China. La semana pasada también vimos noticias sobre el récord histórico de inversiones chinas en Brasil. Los datos económicos, políticos y geopolíticos sobre la influencia de China están por todas partes, y eso no es ninguna novedad.
Pero hay un movimiento más silencioso, ligado a la cultura, la percepción y el soft power, que merece atención. Hace poco estuve en China durante 20 días, recorriendo cinco ciudades diferentes. Desde las más grandes hasta las “más pequeñas”, aunque una ciudad pequeña en China puede significar decenas de millones de habitantes. El plan era visitar a amigos que se mudaron allí y tomarnos unos días de vacaciones. Pero olvidamos incluir descanso en el itinerario (risas), y el viaje terminó siendo de una intensidad increíble.
Y la principal conclusión fue simple: China se está volviendo cool.
Meses antes del viaje, cuando los algoritmos detectaron mi creciente interés por el país, mis redes sociales se llenaron de videos, trends y memes de extranjeros viviendo “un año muy chino” de sus vidas. El fenómeno incluso tiene nombre: “Chinamaxxing”. La tendencia, especialmente fuerte en TikTok, muestra a jóvenes de la generación Z adoptando hábitos, estéticas, rutinas y referencias culturales chinas.
Y eso aparece en la vida cotidiana.
En Nanjing Road, la principal avenida comercial de Shanghái, era imposible no notar la cantidad de personas usando la viral chaqueta de Adidas inspirada en vestimentas tradicionales chinas. Mientras la versión oficial tenía un precio elevado, las réplicas y adaptaciones aparecían por todas partes, desde tiendas de souvenirs hasta plataformas como Taobao.

Lo mismo ocurre con los Labubus, los muñecos monstruosos y adorables que se convirtieron en una fiebre global, o con canciones chinas que hoy acompañan TikToks, Reels y Stories en todo el mundo, como 大展鴻圖 (Blueprint Supreme), del rapero chino Skai Isyourgod. Por supuesto, yo también me sumé a la tendencia y regresé con mi Labubu colgado de la mochila, además de llenar nuevas playlists con artistas locales que hoy están arrasando en el continente.
China entendió perfectamente la lógica contemporánea de la atención. Incorporó elementos tradicionales de su cultura milenaria a las dinámicas de las plataformas digitales, de la estética viral y del comportamiento online.
En lugares como la Ciudad Prohibida o el Templo del Cielo, jóvenes realizan sesiones fotográficas con ropa tradicional para publicar en redes sociales y performar una identidad cultural que mezcla orgullo nacional, estética y algoritmo.

Brasil también conoce bien la fuerza del soft power. La “brasilidad” vende, influye y despierta interés global. Pero, cuando se trata de China, la escala cambia completamente de dimensión.
Y quizá la mejor manera de percibirlo sea prestando atención al propio feed. La próxima vez que estés haciendo scroll en TikTok, escuchando una canción viral o queriendo comprar alguna tendencia estética específica, vale la pena detenerse un segundo: quizá tú también estés viviendo un año muy chino de tu vida sin darte cuenta.
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