Reputación en la transición
La 30.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) es, ante todo, sobre el clima y debe seguir siéndolo. Sin embargo, se ha consolidado también como un foro ampliado en el que se disputan narrativas, visibilidad e influencia. Al celebrarse en Brasil, la Conferencia adquiere connotaciones simbólicas que trascienden la agenda climática; por ello es esencial que las empresas reconozcan que su presencia es relevante, pero no sustituye el deber permanente de ofrecer buenos productos, satisfacer las expectativas de los consumidores y mantener coherencia entre el discurso y la práctica.
En este contexto, la reputación deja de ser mera consecuencia de la conducta y pasa a funcionar como un índice de confianza colectiva. Se convierte en un activo indispensable para las empresas que aspiran a transitar con legitimidad hacia una economía baja en carbono.
Sectores tradicionalmente expuestos a presiones socioambientales – como el sector agropecuario, la energía y la minería – están, en efecto, en la primera línea y aún deben redoblar esfuerzos para cambiar la percepción pública. La COP30 evidencia, además, que la reputación es hoy un fenómeno en red: no basta con actuar; es preciso también articular, comprometer y comunicar con responsabilidad y coherencia. El riesgo reputacional contemporáneo no reside únicamente en la acción, sino en la circulación simbólica de esa acción en un entorno marcado por la desinformación, la vigilancia y la polarización.
Los datos de la investigación Comunicación y Compromiso Empresarial en la COP30 (Aberje, 2025) ayudan a comprender este panorama: aunque el 52 % de las organizaciones nunca ha participado en una conferencia sobre el clima y solo el 18 % planea hacerlo en la COP30 como invitadas oficiales, la gran mayoría ya sitúa la sostenibilidad entre sus prioridades estratégicas (93 %) y cuenta con una estructura formal para su gestión (90 %). Incluso entre las empresas que no estarán en Belém, el 70 % pretende involucrarse en la agenda climática en 2025, ya sea mediante acciones internas, el seguimiento de los desarrollos de la COP o la participación en marcos regulatorios.
Los datos muestran que la reputación depende menos de los mensajes y más de la capacidad de articulación. La comunicación, en este escenario, es el principal vector de inteligencia reputacional. Las empresas que comprendan esta nueva lógica simbólica estarán mejor posicionadas para navegar las transiciones que exige la crisis climática, con resiliencia y legitimidad. La COP30 es, en ese sentido, menos un destino y más un espejo: revela no solo dónde estamos, sino también hasta qué punto somos capaces de construir sentido colectivo en tiempos de crisis.
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